AUTOR

Casilda Rodríguez Fernández

Sección Departamental de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Veterinaria, de la UCM

Fernando González Gómez

Sección Departamental de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Veterinaria, de la UCM

J. Julio de Lucas Burneo

Sección Departamental de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Veterinaria de la UCM

Luis A. Olivos-Oré

Departamental de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Veterinaria de la UCM

El uso racional de los antimicrobianos en la Medicina Humana y Veterinaria es una pieza clave en la lucha contra el auge de las bacterias multirresistentes. Así, para cumplir con la regla de usar los antimicrobianos “tan poco como sea posible, tanto como sea necesario”, es imprescindible conocer los mecanismos y espectro de acción de estos valiosos compuestos de modo que podamos maximizar su eficacia y minimizar el desarrollo de resistencias.

A lo largo de este artículo, se abordarán las clases de antibióticos que:

A. Inhiben la formación de la pared de peptidoglucano de la bacteria, como los β-lactámicos (penicilinas, cefalosporinas, carbapenemes y monobactámicos).

B. Alteran la membrana externa, como las polimixinas.

CONCRETAMENTE NOS CENTRAREMOS EN PENICILINAS Y CEFALOSPORINAS, DENTRO DE LOS β-LACTÁMICOS, Y EN LAS POLIMIXINAS, YA QUE SON LOS MÁS RELEVANTES EN EL TRATAMIENTO DE PROCESOS INFECCIOSOS EN GANADO PORCINO

 

ANTIMICROBIANOS QUE
ACTÚAN SOBRE LA ENVOLTURA
BACTERIANA – ESPECTRO Y
MECANISMOS DE ACCIÓN

β-L ACTÁMICOS

Los β-lactámicos son ampliamente utilizados por su versatilidad, selectividad, espectro de actividad, coste y seguridad, siendo un tratamiento de primera elección en muchos procesos infecciosos.

La diana farmacológica de los β-lactámicos define su espectro y justifica su falta de efecto sobre bacterias que carecen de pared de peptidoglucano (Chlamydia, Mycoplasma, Ehrlichia, bacterias alcohol resistentes como las micobacterias, etc.), virus, protozoos y hongos. Además, carecen de eficacia frente microorganismos intracelulares por no lograr atravesar membranas.

Para ejercer su acción, los β-lactámicos necesitan que se esté formando la pared de peptidoglucano (Figura 1A), por lo que su efecto máximo se consigue cuando las bacterias están en crecimiento exponencial. Así, pierden eficacia en infecciones como las meningitis bacterianas o abscesos, que cursan con un lento crecimiento. Además, son poco eficaces frente a bacterias que forman biofilms.

Los β-lactámicos tienen





 

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