Sección técnica

ONE HEALTH

 
31 May 2021

ONE HEALTH: El camino hacia la sostenibilidad en granjas porcinas – Parte 3

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AUTOR

Santiago Vega García

Catedrático de Sanidad Animal. Facultad de Veterinaria, Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia.

En la segunda parte de este artículo repasamos los principales indicadores del nivel de sostenibilidad de las granjas porcinas, las “Mejores Técnicas Disponibles” para la reducción de emisiones y el uso responsable de antibióticos como parte de la estrategia One Health. En la tercera parte descubriremos el concepto One Welfare, repasaremos las fuentes de emisiones contaminantes en las granjas porcinas y la forma de llevar a la práctica las medidas destinadas a minimizarlas.

Al revisar los últimos artículos publicados en los medios de comunicación especializados, es evidente que el concepto One Health no se ha transmitido en su totalidad (no es solo un enfoque One Health en Salud Pública) o, si se ha hecho, ha sido de forma sesgada, ya que es mucho más amplio y no se ha informado correctamente a nuestros gobernantes, políticos y a la sociedad en general.

En este sentido, un nuevo concepto se está abriendo camino en el contexto de la producción animal veterinaria, el concepto One Welfare, «Un Solo Bienestar», que se define como:

«La interconexión entre el bienestar animal, el bienestar humano, y el medio ambiente (social y físico)»

Este concepto expande y hace explícito el enfoque multidisciplinar de One Health hacia el bienestar animal y humano (algo de lo cual carece actualmente) y establece la base para mejorar el bienestar animal, el bienestar humano y el medio ambiente en todo el mundo.

One Welfare ayuda a expandir las oportunidades de interconexión dentro de disciplinas relacionadas con el papel de la profesión veterinaria en la sostenibilidad, como, por ejemplo, la agricultura, el apoyo a los medios de vida o la investigación científica (Figura 1).

Figura 1. Paraguas de One Welfare fuente: onewelfareworld.org

Igualmente, las buenas prácticas de cría de los animales, y medidas como la higiene y bioseguridad también minimizarán el uso de antibióticos.

Además, los cerdos que estén sanos, también aumentarán su productividad y, por consiguiente, la rentabilidad de la granja.

Cada granja es única, por lo que hay que desarrollar planes de salud específicos y actualizados, adecuando el plan vacunal preventivo de los animales a cada una de ellas.

Un enfoque holístico no solo mejora la salud y bienestar de los cerdos en la granja, sino que es financieramente beneficioso y ayudará a minimizar el consumo de antibióticos.

 

El deseo es que toda la producción agrícola del planeta debiera ser realizada en sistemas sostenibles. En este sentido el manejo ambiental de las granjas de porcino también merece mucha atención por la amplitud de su interacción con el medio ambiente:

En todo el mundo, la agricultura supone un 19% (neto estimado) de los Gases de Efecto Invernadero (GEI).

La producción animal constituye aproximadamente el 40% de la producción agrícola de GEI.

Sin embargo, los dos principales gases resultantes de la producción animal (CH y NO) absorben mucha más energía que el CO (CH, 32 y NO, 280 veces más que el CO₂, respectivamente).

¿Cuáles son las fuentes de GEI asociadas con la producción porcina?

Las principales fuentes de GEI agrícolas (alrededor del 40%) provienen del suelo durante la producción de cultivos

Aproximadamente el 60% de los GEI agrícolas proviene de la ganadería

El metano procede de la digestión de los rumiantes y de la digestión anaeróbica de los purines porcinos

El NO procede de cambios microbianos y atmosféricos del nitrógeno de los excrementos animales emitidos desde las balsas o tras su aplicación al suelo.

¿Pero de qué estamos hablando cuando nos referimos a la ganadería como un factor que contribuye considerablemente al cambio climático?

Con unas emisiones estimadas en 7,1 gigatoneladas (GT) de dióxido de carbono equivalente (CO -eq) por año, que representan el 14,5% de las emisiones de GEI inducidas por el ser humano, el sector ganadero incide de manera importante en el cambio climático (Figura 2).

Figura 2. Previsión de la FAO en cuanto a la población mundial para 2050.

La producción de carne y leche de vacuno es responsable de la mayoría de las emisiones, pues contribuye con el 41% y el 29% respectivamente de las emisiones del sector.

La carne de cerdo y la carne y los huevos de aves de corral contribuyen con el 9% y el 8% respectivamente de las emisiones del sector.

La producción y elaboración de piensos y la fermentación entérica debida a los animales rumiantes son las dos fuentes principales de emisiones, responsables respectivamente del 45% y el 39% de las emisiones del sector.

El almacenamiento y elaboración del estiércol representa el 10%. La parte restante se atribuye a la elaboración y el transporte de productos pecuarios.

Incluida en la producción de piensos, la expansión de los pastizales y cultivos forrajeros a expensas de los bosques es responsable de aproximadamente el 9% de las emisiones del sector (Gráfica 1).

Gráfica 1. Estimaciones globales de las emisiones por especies. Fuente: GLEAM (Modelo de Evaluación Ambiental de la Ganadería Mundial).

Considerando todas las categorías, el consumo de combustible fósil a lo largo de las cadenas de suministro pecuario representa alrededor del 20% de las emisiones del sector (Figuras 3 y 4, y Tabla 1).

Figura 3. Emisiones regionales totales y contribución relativa por especies.

Figura 4. Estimación global de emisiones por especie.

Tabla 1. Porcentaje de la emisión de GEI ordenada por procesos.

En un estudio realizado para evaluar la huella de carbono y la huella hídrica derivadas de la producción de carne de cerdo en Cataluña, considerando todas las etapas de la cadena de producción.

Los resultados del estudio reflejaron la producción de los piensos como el mayor responsable de los impactos globales de la cadena, con una contribución superior al 76% independientemente del indicador ambiental considerado y que el transporte también es importante.

Existe una relación directa entre las intensidades de emisión de GEI y la eficacia con que los productores utilizan los recursos naturales.

De ahí que las posibles intervenciones para reducir las emisiones se basen, en gran medida, en tecnologías y prácticas que mejoran la eficacia de la producción a nivel de los animales y el rebaño.

Entre estas figuran el uso de piensos de mejor calidad y el balanceo de los piensos en la dieta para reducir las emisiones entéricas y del estiércol. La mejora de la selección y la sanidad animal ayudan a reducir la sobrecarga del rebaño (esto es, la parte improductiva del rebaño) y las emisiones correspondientes.

Las prácticas de manejo del estiércol que aseguran la recuperación y el reciclaje de los elementos nutritivos y la energía contenidos en el estiércol, y las mejoras de la eficacia en el uso de la energía a lo largo de las cadenas de suministro también pueden contribuir a la mitigación.

Otra opción es la búsqueda de fuentes de abastecimiento de insumos de baja intensidad de emisión (piensos y energía, en especial).

Figura 5. Emisiones regionales totales y contribución relativa por especies.

Otra práctica con un potencial de mitigación prometedor lo constituye la retención del carbono en los pastizales que puede contrarrestar considerablemente las emisiones, con estimaciones globales de alrededor de 0,6 gigatoneladas de CO -eq por año.

Sin embargo, antes de poder aplicar esta práctica, se necesitan métodos costeables para cuantificar la retención, así como una mejor comprensión de las necesidades institucionales y la viabilidad económica de esta opción.

Una variedad de tecnologías prometedoras, como aditivos alimentarios, vacunas y métodos de selección genética, ofrecen grandes posibilidades de reducir las emisiones, pero requieren una ulterior mejora y plazos más largos para transformarse en opciones de mitigación viables.

¿Cómo pueden los productores porcinos minimizar la emisión de GEI y los efectos negativos en la producción?,

según Kelley J. Donham:

Diseñando dietas bajas en proteína con biodisponibilidad de aminoácidos.

Gestionando los purines como recursos valiosos para reducir emisiones.

Tapar lagunas para recoger el metano como fuente de energía (Figura 6).

Solo aplicar en el suelo agrícola la cantidad de estiércol que el cultivo necesite.

En la producción de maíz y soja se debe labrar mínimamente o en absoluto la tierra y cubrir los cultivos para mantener el nitrógeno en el suelo y disponible para los cultivos.

Utilizando los subproductos de la producción de bioetanol como componente de la dieta.

Plantando árboles o pastos autóctonos alrededor de la zona de producción para crear barreras contra el viento y zonas de sombra, que también absorberán el CO₂.

Figura 6. Tapar balsa para recoger el metano como fuente de energía. Fuente: Roslin LLC.

No hay que olvidar, como venimos señalando a lo largo de este escrito, la importancia de buscar la coexistencia entre lo que quiere el consumidor y el entronque con todas las normativas, como pueda ser por ejemplo la de seguridad alimentaria.

La investigación y el desarrollo son fundamentales para aumentar tanto la disponibilidad de opciones de mitigación eficaces como la posibilidad de costearlas.

Se necesitan, asimismo, importantes investigaciones adicionales para elaborar métodos de medición más precisos y costeables, demostrar los buenos resultados a través de la experimentación, y ofrecer nuevas tecnologías para la mitigación

Necesitamos considerar también que el impacto del cambio climático (calentamiento global) afectará la sostenibilidad y la productividad de nuestros sistemas de producción.

Los actuales sistemas de explotación animal están favoreciendo el calentamiento global, pero por otro lado es obvio que los cambios que está sufriendo el clima también van a tener un impacto sobre la ganadería, y sería conveniente tratar de conocerlos con cierta antelación.

Es necesario establecer estrategias de actuación que permitan reducir las emisiones de gases por parte de la ganadería y al mismo tiempo conocer y prever la adaptación a la que deberán hacer frente los animales de abasto, en estas nuevas condiciones, y que van a comprometer en buena parte su productividad.

Como conclusión se puede decir que el cambio climático originará a su vez cambios en los sistemas de explotación ganadera, en donde interactuarán factores como el aumento de población y la mayor demanda de alimentos de origen animal, la competencia entre la producción de alimentos, de materias primas, de combustibles y el agua.

Algunos de ellos ayudarán a mitigar la contribución de este sector al cambio climático; otros provocarán que se tenga que desarrollar cierta adaptación.

Principalmente los cambios serán debidos a efectos tanto indirectos como directos de aumentos de la temperatura y a la variación de las precipitaciones.

Sin duda, la era del Cambio Climático trae grandes desafíos a la producción pecuaria; entre ellos:

El abastecimiento de productos de origen animal a una población humana en crecimiento

El cuidado de los recursos agua, tierra y aire durante los procesos de producción

El bienestar animal en la crianza y transporte

La alimentación del ganado ante adversidades como las sequías e inundaciones

La adaptación de animales al estrés climático

La inocuidad alimentaria y la salud pública

Sin embargo, la demanda mundial de proteínas animales irá aumentando paralelamente al crecimiento de la población y en la medida que los hábitos alimentarios cambien.

Por consiguiente, la producción animal desempeña y seguirá desempeñando un papel clave en el suministro de alimentos de origen animal.

Los ganaderos españoles son muy conscientes de que deben aplicar una serie de técnicas para la disminución de emisiones de gases de efecto invernadero, enfocadas principalmente a la mejora durante el almacenamiento y tratamiento de estiércoles y purines y al ahorro de agua y de energía.

No en vano, aplican el modelo europeo de producción y cumplen con la legislación más exigente en materia de medio ambiente.

Así lo refleja también el último Informe de Inventario Nacional Gases de Efecto Invernadero publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (2018), que señala que se han reducido los GEI, en la ganadería española, un 6,8% desde 2005.

 

Vamos concluyendo, no sin destacar una vez más como la ganadería ha hecho posible la mejora de la condición social de los agricultores pobres.

El 70% de los ingresos en los países con menos recursos proviene de la ganadería.

El aumento de la resiliencia y la productividad de los pequeños ganaderos ayuda a reducir las desigualdades y crea un camino para salir de la pobreza.

Según el Banco Mundial el desarrollo del sector agropecuario tiene un papel fundamental en la reducción de la pobreza y el mejoramiento de la calidad de vida de las personas.

El crecimiento del sector agropecuario ha sido de 2 a 4 veces más efectivo en reducir la pobreza que el crecimiento proveniente de otros sectores de la economía.

Por lo tanto, los recursos financieros y las investigaciones e innovaciones enfocadas en la agricultura representan inversiones vitales para los países en desarrollo.

Por último, hacer notar que para que una granja sea sostenible requiere ser EFICIENTE en la utilización de recursos, conocimientos y tecnologías. Por tanto, necesitamos ganaderos especializados, con una buena FORMACIÓN continuada, que críen cerdos SANOS, de forma COMPETITIVA y RENTABLE, y todo ello bajo el paraguas ONE HEALTH.

Objetivos de desarrollo sostenible. Fuente: https://www.aseprhu.es/sostenibilidad-y-medioambiente/

 



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