19 Feb 2019

Memoria porciFORUM 2019 – Lluís Fabà



Lluís Fabà completó su formación en Veterinaria en el año 2012 en la Facultad deVeterinaria de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Al terminar los estudios trabajó como granjero en una explotación de cerdas y posteriormente en ANDRIMNER Ibérica en Dinamarca. Desde 2015, se encuentra desarrollando su proyecto de tesis doctoral en el SNiBA, centrada en el estudio de estrategias de manejo y alimentación en la recría y adaptación de las futuras reproductoras hiperprolíficas y sus consecuencias en los primeros ciclos productivos.

  • Maximizar la GMD para una pubertad temprana no parece un objetivo justificado, dado que no muestra claras evidencias de mejorar la productividad y puede conllevar otros problemas.
  • La recría, la cuarentena y el 1er ciclo productivo son etapas muy sensibles que afectan la eliminación precoz de las cerdas del rebaño. El fracaso de la nulípara, sin o con el mínimo retorno de la inversión, es especialmente indeseable, siendo la pérdida de cerdas jóvenes más importante de lo que aparenta.
  • Comúnmente, los objetivos del acondicionamiento de las nulíparas incluyen la edad a la pubertad y ganancia media diaria (GMD), el peso vivo (PV) y la composición corporal al 1er servicio. En este punto, las estrategias de alimentación utilizadas se convierten en una herramienta importante para el acondicionamiento, aunque debe entenderse dentro del conjunto del manejo y estatus sanitario.
  • En las cerdas actuales, la condición corporal proporciona una valoración adecuada de la muscularidad pero no es un buen indicador del espesor subcutáneo de grasa dorsal (EGD).

SECRETOS DE LA ALIMENTACIÓN DE LA RECRÍA

La recría, la cuarentena y el 1er ciclo productivo son etapas muy sensibles que afectan la eliminación precoz de las cerdas del rebaño. El fracaso de la nulípara, sin o con el mínimo retorno de la inversión, es especialmente indeseable.

El 3-6% de las nulíparas son eliminadas durante el periodo de recría, pero puede llegar a superar el 10%. En granjas de reproductoras, el 15% puede no llegar al 1er parto (Bergman y col., 2018), y hasta el 38% puede no alcanzar el 2do parto (Lucia y col., 2000; Roongsitthichai y col., 2013). Por lo tanto, la pérdida de cerdas jóvenes es más importante de lo que aparenta.

Las causas de eliminación durante la recría incluyen cojeras y aplomos (20- 73%), mala condición corporal, mortalidad y otros (Díaz y col., 2013, 2015, 2017). Al 1er ciclo, el fracaso reproductivo es la razón principal de eliminación (43-65%), y las cojera la segunda (20%), y ambos están influenciados por el “acondicionamiento” de la nulípara.

Acondicionamiento significa dotar a las nulíparas de un estado metabólico y robustez de piernas que promuevan una vida productiva larga y rentable (Gill, 2006; Rozeboom, 2015). Además, a esta definición se podría añadir la adaptación de las nulíparas al estatus sanitario correspondiente. En la práctica, los productores, veterinarios, investigadores y nutricionistas establecen objetivos de acondicionamiento hasta el 1er servicio.

Las líneas genéticas actuales son más magras, con mayor potencial de crecimiento y producen más lechones (23,5%) por camada que hace 10 años (BDporc, 2007, 2017). No obstante, la tasa de reposición y la longevidad no han mejorado en la última década y presentan gran variabilidad (21-32% CV). Por lo tanto, el hecho de acondicionar la nulípara debería ser más importante que antaño.

Se reconocen diferencias genotípicas de apetito, tasa de crecimiento, deposición de tejido graso y magro, sensibilidad a cojeras, y productividad. De hecho, se interpreta y recomienda acondicionar con diferentes objetivos para diferentes líneas genéticas.

Comúnmente, los objetivos del acondicionamiento incluyen la edad a la pubertad y ganancia media diaria (GMD), el peso vivo (PV) y la composición corporal al 1er servicio. En este punto, las estrategias de alimentación utilizadas se convierten en una herramienta importante para el acondicionamiento, aunque deben entenderse dentro del conjunto del manejo y estatus sanitario.

PUBERTAD

Los mecanismos exactos de la aparición de la pubertad no están claros del todo, pero la nutrición puede intervenir, e.j. el consumo de grasa se asocia con una pubertad más temprana (Zhuo y col., 2014). Elevada GMD y pubertad temprana se asociaron con una mayor fertilidad y productividad (Young y col., 2004, 2008).

Aunque la pubertad demasiado temprana (<110 d de edad) se relacionó con menor número de lechones nacidos en las 3 primeras camadas (Tummaruk y col., 2007). Incluyendo literatura antigua y reciente (1992 a 2017) y una amplia dispersión del GMD (520-900 g) se describe una pequeña relación negativa entre GMD y pubertad. Recientemente, limitando la lisina en condiciones ad libitum, redujo 9,7-17,5% (720-788 g) la GMD en comparación con alta lisina (873 g) y retrasó la pubertad tan solo 6-10 días (Díaz y col., 2017).

Maximizar la GMD para una pubertad temprana no parece un objetivo justificado, dado que no muestra claras evidencias de mejorar la productividad y puede conllevar otros problemas.

PESO, EDAD Y GANANCIA MEDIA DIARIA

La necesidad de un mínimo PV al 1er servicio es el concepto más aceptado para mantener un estado fisiológico óptimo durante toda la vida productiva. Kummer y col. (2006) observaron una productividad equivalente con similar PV a 1er servicio (~148 kg) y alta (> 700 g) o baja (<700 g) GMD incluyendo 198 y 223 días de edad, respectivamente. Sin embargo, un tercer grupo con 164 kg PV, > 700 g GMD y 223 días de edad produjo 1 lechón más al primer parto.

Hoving y col. (2010) observaron peor fertilidad al 2o parto con 124 kg que 145 kg PV al 1er servicio. Roongsitthichai y col. (2013) observaron 0,6 lechones nacidos más al 2o parto con > 150 kg PV a 1er servicio que entre 136 y 140 kg PV. Por el contrario, pasar de peso (e.j. > 170 kg) y/o edad (e.j. >250 días), aumenta el riesgo de eliminación por dificultades en la detección del celo, anestro y cojeras.

En un rango 190-240 kg de PV a 109 días de la 1ª gestación, las cerdas de 210 kg PV presentaron menor porcentaje de eliminación y mayor productividad hasta el sexto parto (Kim y col., 2016).

En este contexto, al menos 150 kg PV son necesarios al 1er servicio, lo cual es mayor que recomendaciones pasadas (130 kg PV). Schenkel y col. (2010) observaron que incluso con >135 kg PV a 1er parto, las cerdas con pérdidas >10% PV en lactación reducían el tamaño de camada al 2o parto. Por lo tanto, la importancia de las pérdidas en lactación son relativas al PV y éste parece ser determinante.

CONDICIÓN CORPORAL Y RESERVAS DE TEJIDO MAGRO Y GRASO

En las cerdas actuales, la condición corporal, proporciona una valoración adecuada de la muscularidad pero no es un buen indicador del espesor subcutáneo de grasa dorsal (EGD). Se ha descrito una asociación positiva entre el EGD al 1er servicio y el rendimiento reproductivo posterior (Tummaruk y col., 2007; Kummer y col., 2009).

Contrariamente, Young y col. (2004) describió que EGD <5 mm al 1er servicio no reducía la capacidad reproductiva ni la productividad. Un estudio interesante de Gill (2006), limitando 50% la lisina durante la recría y 27% durante la primera gestación, resultó con mayor EGD (16,5 vs. 20,7 mm) al servicio retrasó 10 días la pubertad, disminuyó la GMD y redujo el PV hasta el 6º parto.

Por otro lado, un nivel alto de lisina aumentó la eliminación de cerdas siendo las cojeras el principal motivo. En este caso y en la mayoría, los resultados confunden los efectos para EGD, GMD y PV.

El objetivo de EGD a 1ª cubrición podría ser poco importante en relación a la longevidad pero relevante por su correlación con el EGD al 1er parto. Por ejemplo, aumentar la probabilidad de exceso o falta de tejido graso al momento del parto. Situaciones indeseables que afectan al parto, al consumo de pienso, al balance energético y proteico en lactación, al crecimiento de la camada, la prolificidad al 2º parto, y finalmente, al riesgo de eliminación. Niveles de EGD moderados (12-18 mm) en el primer servicio deberían minimizar los extremos de EGD al parto.

El interés de la proteína corporal y su metabolismo han aumentado con la evidencia de necesitar un mínimo PV al 1er servicio. Knauer y col. (2011) describieron una correlación positiva (r2 = 0,38) entre el área muscular del lomo a 212 días de edad y 137 kg PV con un primer parto efectivo.

Así como el tejido graso, el magro también será importante para minimizar el catabolismo en lactación, en especial en cerdas de primer parto que hacen un esfuerzo mayor. Si las pérdidas de proteína en lactación suponen >10%, la subsiguiente prolificidad disminuye, aunque el PV al 1er parto sigue siendo más importante que el 10% de movilización (Schenkel y col., 2010).

COJERAS

La prevalencia de cojeras es alta (9-17%), y es una causa importante de eliminación al 1er ciclo (20%) y en cerdas multíparas (10-15%; Lucia y col., 2000; Fabà y col., 2018).

Osteocondrosis y lesiones podales son las causas principales de cojeras en cerdas y están influenciadas por genotipo, estrés mecánico, estatus sanitario, composición de la dieta y tasa de crecimiento.

Busch y Wachmann (2011) describieron que un aumento de 100 g GMD aumentaba un 20% el riesgo de osteocondrosis. De hecho, reducir 10-19% GMD mediante la restricción alimentaria redujo la osteocondrosis y las cojera (Koning y col., 2014; Quinn y col., 2015).

Otras estrategias nutricionales basadas en suplementos (e.j. minerales, biotina, aminoácidos) muestran controversia en relación a su efecto sobre hueso, articulaciones y pezuñas. Acondicionar para reducir cojeras debería asumir el manejo, factores genéticos, e interacciones con nivel sanitario como causalidad del problema, y las estrategias nutricionales podrían mitigar situaciones moderadas.

ESTATUS SANITARIO

Las nulíparas en recría, a menudo están expuestas a una variedad de vacunas, nuevos ambientes y patógenos. Pero, ¿las dietas de recría actuales proporcionan el mejor estado para enfrentar estos desafíos? En condiciones sanitariamente hostiles, se puede observar una menor eficiencia metabólica, anabolismo antagonizado, mayores necesidades energéticas y de aminoácidos, y una menor ingesta alimentaria.

Anticiparse nutricionalmente a la inflamación y/o los cambios metabólicos puede ser una estrategia para mitigar el impacto negativo de estos cambios (Liu y col., 2013; Rochell y col., 2015). Reforzar la respuesta inmune, potenciar la eliminación temprana del patógeno, reducir la carga de patógeno y minimizar la pérdida de rendimiento deberían ser las variables de respuesta.

EN CONJUNTO

El desarrollo y acondicionamiento de la nulípara requiere más esfuerzo y comprensión. Actualmente se sugieren objetivos, pero al mismo tiempo, dichos objetivos son confusos (e.j. GMD y BW) y de un uso predictivo limitado.

La necesidad de un PV mínimo parece ser el objetivo más importante. Cualquiera entre 135 y 155 kg PV al 1er servicio podría ser factible, aunque con matices, diferentes grados de complejidad y riesgos (Tabla 1). El refinamiento de dichos objetivos está probablemente vinculado a otros factores (genética, tiempos en el flujo de animales y sistemas).

Pueden existir diferentes combinaciones “correctas” para potenciar la productividad y longevidad, pero la falta de conocimiento científico impide ofrecer recomendaciones generales.

Simplificando, parece claro que un PV extremo y el EGD (bajo o alto) al 1er servicio aumentan el riesgo de problemas como cojera (si es alto), fallo reproductivo (ambos), lechones nacidos muertos (si es alto), menor prolificidad (a mayores pérdidas en lactación y relativas a menor PV), y la eliminación (ambos).




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