09/03/2018

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Antoni Dalmau

Memoria porciFORUM 2018 – Antoni Dalmau

Antoni Dalmau, Investigador del IRTA, participó en porciFORUM 2018 con la ponencia “El bienestar animal como herramienta para una mayor productividad”.

Antoni Dalmau es licenciado en Veterinaria por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en el año 2000. Máster en Producción Animal en 2003. Doctor en el año 2005. Trabajando en el IRTA desde el año 2005, actualmente en el Programa de Nutrición y Bienestar Animal. Campos de trabajo: estrés, conducta social y adaptación al entorno; bienestar animal en granja y matadero de porcino, aves, conejos y rumiantes; test de aversión, miedo, dolor y comportamientos anormales en cerdos y rumiantes; uso de gases para el aturdimiento de cerdos y conejos; sacrificio religioso de rumiantes, aves y conejos.

La capacidad de un animal para expresar por completo su potencial genético a la hora de crecer o reproducirse depende de un elemento clave, que es la energía disponible.

Este es un elemento conocido por todos los ganaderos, pues la alimentación es un elemento central en cualquier sistema productivo.

No obstante, a veces se nos olvida que la disponibilidad de energía no depende únicamente de lo que entra por la dieta sino del gasto que se produzca en el propio animal. Es decir, de los costes que tenga el animal a la hora de sobrevivir en el entorno en el que lo mantenemos o, dicho de otra manera, de los factores de estrés a los que tenga que hacer frente.

Cuanto más intensos o más numerosos sean estos factores de estrés más costosa es la vida para cualquier animal.

Eso es de especial relevancia cuando hablamos de animales de producción, pues delante de la reproducción o del crecimiento, el organismo siempre va a priorizar el envío de energía a la respuesta de estrés, que va a priorizar sobre cualquier otra función orgánica.

Si se conocen los factores de estrés que puedan afectar a un cerdo en las diferentes fases de producción, y conseguimos rebajarlos al máximo, le facilitamos la vida a los animales y en consecuencia los hacemos más baratos, es decir, más eficientes y productivos.

Para conocer qué factores de estrés pueden afectar a un cerdo, es imprescindible entender cómo funciona la especie y qué orígenes tiene.

  • El hábitat natural del jabalí, el ancestro del cerdo, es un bosque cerrado con poca disponibilidad de alimento en determinadas épocas del año por su marcado carácter estacional. Esto determinará no pocas características de esta especie.
  • En primer lugar, al vivir en una zona umbría y bien cubierta de los rayos solares no le hará falta en su evolución desarrollar sistemas muy avanzados para perder la temperatura, como pueda ser la sudoración.
  • En segundo lugar, debido a la falta de un alimento concreto de forma consistente en el tiempo hará que sea una especie omnívora.
  • Finalmente, la dificultad para encontrar las diferentes formas de alimentación que va a escoger, tales como raíces, frutos, pequeños animales, etc… hará que pase muchas horas al día buscando alimento, y todo ello tendrá consecuencias a la hora de tener en cuenta su comportamiento en una granja de producción.

Una especie con estos condicionantes ambientales cabría esperar que tuviera un comportamiento poco gregario, más bien solitario, como el de los corzos. No obstante, las hembras son animales que viven en grupo (no muy numeroso, eso sí) durante toda su vida.

Si es difícil para un animal el poderse alimentar en el entorno mencionado, mucho más lo tiene que ser para un grupo de 6 u 8 animales de la misma especie. No obstante, estos animales decidieron funcionar en grupo por la gran ventaja que ofrece esta estructura ante la presencia de depredadores.

Es decir, ante cualquier peligro, un instinto inherente básico de los cerdos inmaduros y cerdas adultas es buscar la seguridad del grupo, con lo que una máxima que debe respetarse en todas las granjas es intentar no dejar aislado del grupo a ninguno de estos animales (cerdos de engorde o cerdas adultas).

Uno de los factores de estrés más potentes a los que se tendrá que enfrentar un animal es al hecho de tener un peligro delante suyo (podemos ser nosotros) y no poder contar con la ayuda de los compañeros. Por eso, si ponemos algún animal en un corral hospital es importante que nunca lo dejemos completamente aislado de otros cerdos, pues, aparte de que lo oiremos vocalizar de un modo muy característico, dificultaremos mucho su recuperación por los altos costes de estrés que le estamos añadiendo a su situación.

Los cerdos decidieron por tanto ser una especie social por la ventaja que esto ofrecía en términos de seguridad, pero a cambio lo pagaron con competencia por recursos.

Es decir, cuando estás solo comes cuando quieres y te echas donde te da la gana. Cuando vives en grupo tienes que negociar sobre los recursos disponibles, ya sea agua, alimento, zona de descanso, etc…

Una forma de evitar tener que negociar constantemente por todo, lo cual es muy poco eficiente y muy costoso energéticamente hablando, es creando jerarquías. Es decir, haciendo que sea en el momento de la formación de un grupo cuando se decida por una vez y por mucho tiempo, quien va a tener prioridad en el acceso a los recursos, quien va a ser el segundo etc…

Este sistema es muy eficiente, pues cuando se llega a un punto de bebida, nadie discute que los dos más altos en la jerarquía sean los primeros en beber mientras el resto vigila que no haya depredadores alrededor.

Sin esta distribución de funciones y la confianza que llegado el momento cada uno hará lo que debe hacer, la especie no habría sobrevivido.

En producción animal eso tiene una derivada que debemos tener en cuenta y es que cada vez que formemos un grupo nuevo habrá peleas para determinar este orden jerárquico.

Estas peleas, además, serán muy intensas y por pocas horas, pues no es una tontería lo que está en juego, nada más y nada menos que el acceso a cualquier tipo de recurso durante un largo tiempo y el grupo no puede permitirse el lujo que las peleas se alarguen más de lo necesario, pues sería poco eficiente.

Así pues, siempre que sea posible, hay que evitar el mezclar animales desconocidos entre ellos, pues estas peleas suponen un coste energético muy importante.

 

Un recurso muy importante por el que competir en un corral es el espacio, ya que para un cerdo de engorde, el espacio disponible va a determinar muchas cosas.

En primer lugar, el cerdo dentro de un corral va a distinguir muy claramente dos zonas:

  • La zona activa (donde está el comedero)
  • La zona inactiva (donde van a descansar)

Es una distribución muy lógica del espacio pues a nadie se le va a ocurrir echarse justo delante del comedero, donde constantemente van a pasar animales que quieren comer.

La zona de descanso la encontraremos siempre lo más alejada posible del comedero.

Nos queda una tercera zona por considerar, que es la zona de defecación.

La zona de descanso normalmente se quiere mantener limpia y por tanto se va a evitar esta zona.

La zona de alimentación por otro lado, también se quiere mantener limpia, pero hay que recordar que esta zona de alimentación se encuentra dentro de un perímetro un poco más amplio que hemos denominado la zona activa.

 

Normalmente, los cerdos escogerán un rincón dentro o cercano a la zona activa y evitando directamente el comedero para hacer las defecaciones. Cuando el espacio es suficiente, vamos a ver fácilmente esta distribución.

No obstante, si el recurso espacio falla y no todos los animales del corral se pueden echar en la zona de descanso, veremos algunos echándose en la zona de defecación.

En estos casos, será fácil ver a los animales más subordinados (normalmente los más pequeños del corral) los más sucios.

En otras ocasiones, un problema en la ventilación o las altas temperaturas en determinadas épocas del año hacen que los animales cambien esta distribución del espacio.

Al no poder sudar, el cerdo en condiciones naturales lo que hace es humedecer su piel con barro para termorregular mediante la evaporación de agua en superficie.

 

En un corral, el animal imita este comportamiento echándose sobre las heces y los orines, por lo que cuando tenga la necesidad de perder temperatura corporal cambiará la distribución de zona de descanso y defecación.

En estos casos, es fácil ver a los animales más grandes del corral (normalmente los más dominantes y más susceptibles al estrés térmico) los más sucios.

Cabría decir entonces que si los animales más pequeños de un corral son los más sucios, nos podemos enfrentar a un problema de competencia por el espacio y, si son los más grandes, solo a un problema de estrés térmico.

No obstante, esto no es del todo cierto. Un cerdo de 90 kg de pie o echado esternalmente ocupa unos 0,4 m2 aproximadamente, mientras que un cerdo del mismo peso echado lateralmente ocupa 1,0 m2.

Si miramos la legislación vigente, nos pide un espacio de 0,65 m2 para los cerdos de 90 kg, por lo tanto, contempla que como máximo un 40% de los cerdos estén echados lateralmente.

Es importante recordar que cuando hay mala ventilación o altas temperaturas estas condiciones afectan al 100% de los cerdos de un corral y todos intentarán las mismas estrategias para perder temperatura.

Es decir, buscar las zonas húmedas del corral y echarse sobre ellas lateralmente para aumentar la superficie de contacto del cuerpo con estas zonas frescas o para perder más calor por evaporación del agua en superficie.

Sin embargo, si todos no lo pueden hacer, habrá animales, por encima del 40% descrito, que no podrán hacer frente tan eficazmente al estrés térmico y por tanto entraremos otra vez en un problema de competencia por el espacio.

Un corral que funciona perfectamente a 0,65 m2 en invierno, puede dar muchos problemas en verano, hasta tal punto que el coste de los animales más subordinados de ese corral, en forma de rendimientos o índices de conversión, pueda llegar a aconsejar sacar a un individuo del grupo para que el resto funcionen mejor por menor competencia por los recursos.

Una regla que el productor tiene que tener muy en cuenta es que cuanta más competencia por los recursos haya, peor funcionará el corral en general.

Como ante cualquier crisis, lo que ocurre es que la clase media se rompe y se escala. Eso es lo que ocurrirá también dentro de un corral. De repente, la heterogeneidad de pesos en un corral de engorde se incrementa porqué, a mayor competencia, más importancia tiene la jerarquía.

Si en una granja es fácil identificar visualmente la escala jerárquica de un corral a partir del tamaño de los cerdos, significa que les estamos poniendo las cosas demasiado difíciles a los animales y que hay demasiada competencia por los recursos.

La homogeneidad de pesos dentro de un corral es un buen indicador del bienestar general de estos animales.

Otros factores de estrés a tener en cuenta en la producción porcina, y de los que se va a hablar durante la charla, son los relacionados con una falta de estimulación adecuada en los animales que pueda derivar en comportamientos agresivos o redirigidos como la mordedura de colas.

No olvidemos que el cerdo es un animal que en condiciones naturales pasa muchas horas buscando comida y que, además, es omnívoro, con lo que no le hará ascos a la sangre, sino más bien lo contrario. Esto explica que una conducta inofensiva como pueda ser juguetear con la cola de un compañero del corral, pueda acabar en auténtico canibalismo.

En animal adulto como las cerdas, estas alteraciones del comportamiento debidas a un entorno inadecuado pueden derivar en estereotipias, que también serán tratadas en la charla. Finalmente, es importante afrontar los factores de estrés que pueden darse en la fase de maternidad, ya que de ellos va a depender no solo una correcta función reproductiva de la cerda (incluyendo la conducta maternal e incluso la lactación) sino la supervivencia de los lechones.

 

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