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AUTOR

Equipo técnico de Grupo PH-Albio

Las enfermedades entéricas son una preocupación importante para la industria porcina debido a la pérdida de productividad, el aumento de la mortalidad, la reducción del bienestar de los animales y la contaminación asociada de los productos cárnicos destinados a consumo humano.

La coccidiosis es una enfermedad parasitaria que afecta a los animales de abasto y que también puede afectar al hombre.

En el ganado porcino, Cystoisospora suis (sin. Isospora suis) es la especie de coccidios más patógena y que afecta más gravemente a los lechones lactantes.

Los signos clínicos incluyen:

Diarrea no hemorrágica de consistencia pastosa a acuosa

Pérdida de peso

Apatía

En la actualidad, la cistoisosporosis es considerada como una de las principales causas de diarrea en lechones recién nacidos con una alta prevalencia en todo el mundo. Los ooquistes son altamente resistentes a la desecación y a los desinfectantes, lo que hace que su eliminación completa sea prácticamente imposible.

La enfermedad presenta una morbilidad muy alta y una mortalidad baja, y no todos los lechones de una camada se encuentran igual de afectados, lo que resulta en pesos inferiores al destete y camadas desiguales y, por tanto, en pérdidas económicas considerables (Shrestha et al., 2017).

 

TIPOS DE ANTICOCCIDIALES

Existen dos grupos principales de anticoccidiales:

Ionóforos (monensina, lasalocid, maduramicina, etc.).

Sintéticos no ionóforos o químicos (decoquinato, robenidina, diclazuril, nicarbacina, toltrazuril, amprolio, etc.).

A estos debemos sumar otros fármacos anticoccidiales como los antibióticos sulfamiderazina, sulfadimetoxina, trimetoprima asociada con sulfadimetoxina o sulfametoxipiridazina.

El uso repetido de anticoccidiales químicos o ionóforos hace que los coccidios desarrollen resistencias a ellos.

Durante las últimas cuatro décadas, se generalizó el uso de anticoccidiales para proteger a los animales de los efectos adversos causados por estos microorganismos patógenos y recuperar el rendimiento productivo.

En lechones, en las últimas dos décadas, se ha extendido el uso sistemático de toltrazuril (también llamado toltrazurilo), dosis única entre los 3-5 días de vida, en producción intensiva para el control de Cystoisospora suis.

Desgraciadamente, se ha confirmado que el uso repetido de estos anticoccidiales para la prevención y el tratamiento de coccidiosis genera resistencias.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido el concepto de resistencia como la “habilidad de un parásito en sobrevivir y/o multiplicarse a pesar de la administración y absorción de un fármaco a dosis igual o mayor a la usualmente recomendada, dentro del límite de tolerancia del sujeto”.

En consecuencia, los tratamientos habituales se vuelven ineficaces y estas infestaciones persisten y se propagan.

Un reciente estudio de campo llevado a cabo por Shrestha et al. (2017) evidenció un caso de resistencia de C. suis al toltrazuril. Incluso aumentando la dosis, el tratamiento siguió sin ser efectivo. Estos aislamientos representan una potencial amenaza para la producción porcina.

La generación de resistencias es uno de los principales fracasos reconocidos en el control de estos protozoos debido al excesivo uso de anticoccidiales. Se requieren, por lo tanto, alternativas de forma urgente.

 

ALTERNATIVAS

  VACUNAS  

A pesar de que la vacunación es un método válido en aves, con resultados muy prometedores, desgraciadamente aún hoy en día no se encuentran disponibles para porcino.

 PRODUCTOS BOTÁNICOS  

Son varios los motivos que impulsan a buscar una alternativa para el control de la coccidiosis:

Aparición de resistencias

Fallo de los tratamientos convencionales

Tendencia al menor uso de antimicrobianos en producción animal

Por otro lado, el creciente interés y uso de coccidiostáticos botánicos está proporcionando un enfoque novedoso para el control de la coccidiosis.

A pesar de la existencia de un millar de extractos naturales, aceites esenciales y alcaloides, no todos son efectivos contra estos protozoos.

Numerosos estudios realizados con flavonoides y alcaloides isoquinolínicos han demostrado una clara acción anticoccidial.

Esta combinación de fitogénicos nos permite controlar la coccidiosis, ya que se reduce la excreción y posterior ingestión de ooquistes y se mejora la inmunidad.

Aproximadamente el 75% de las células inmunitarias están localizadas en el intestino, lo que pone de manifiesto la importancia de mantener un tracto digestivo sano y protegido en los animales.

I-Cox es una combinación estandarizada de alcaloides isoquinolínicos y flavonoides. Gracias a su estructura, estos fitogénicos presentan una baja biodisponibilidad tras su ingestión oral porque las enzimas digestivas no son capaces de romper el enlace glicosídico de estos compuestos naturales.

Los alcaloides isoquinolínicos y flavonoides alcanzan el intestino sin ser degradados, y allí son capaces de llevar a cabo importantes funciones como:

Actividad anticoccidial (efecto coccidiostático que afecta la dispersión de merozoítos e inhibe el desarrollo de gametos).

Actividad antimicrobiana (contra E. coli, Clostridium spp.).

Efecto modulador de la microbiota intestinal.

Propiedades antiinflamatorias.

Propiedades antioxidantes metabólicas.

EFICACIA Y BENEFICIOS DE I-COX

I-Cox representa una estrategia natural y de acción completa para el control de la coccidiosis en lechones.

De hecho, se realizó una prueba comparativa frente a toltrazuril en lechones en una explotación comercial formando aleatoriamente 2 grupos:

Grupo Control positivo: lechones tratados con una dosis única de toltrazuril siguiendo las recomendaciones del fabricante.

Grupo I-Cox: lechones tratados con una dosis única de 2 ml de I-Cox/lechón.

Se llevó a cabo la prueba manteniendo todas las prácticas habituales de la explotación, realizando, por ejemplo, adopciones dentro de cada grupo cuando se estimaba necesario.

Como se muestra en la Figura 1, los resultados indican que el grupo que consumió I-Cox (dosis única de 2 ml/lechón) presentó un 62,5% de las camadas limpias y sanas y, en consecuencia, hubo un 34% menos de camadas tratadas con marbofloxacino.

En cambio, el fármaco habitual (toltrazuril) presentó un 56% de camadas afectadas por diarreas y, por consiguiente, más camadas tratadas con marbofloxacino.

En cuanto a los parámetros productivos (Figura 2), no se observaron diferencias significativas entre grupos con relación al peso al nacer, al destete y a la ganancia media diaria (de 174 g/d para ambos grupos).

Esto indica que I-Cox, un producto botánico, consigue resultados zootécnicos similares a los obtenidos con el fármaco habitual, reduciendo además el uso de antimicrobianos.

CONCLUSIÓN

El uso de I-Cox proporciona a los profesionales del sector porcino un alto nivel de seguridad, eficacia análoga a la de los anticoccidiales convencionales, como es el toltrazuril, combinado con un bajo potencial para desarrollar resistencias.

La suplementación con I-Cox es una alternativa natural óptima para afrontar con éxito la retirada de fármacos anticoccidiales y reducir el uso de antimicrobianos que generan resistencias y ponen en peligro la salud del consumidor final sin perder los niveles productivos.

Referencia

Shrestha, A., Freudenschuss, B., Jansen, R. et al. (2017). Experimentally confirmed toltrazuril resistance in a field isolate of Cystoisospora suis. Parasites Vectors 10, 317.a



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