04/11/2019

Bioseguridad Instalaciones y Equipos

Bioseguridad Instalaciones y Equipos

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Granja Almenara – Apostando fuerte por la incineración in situ con IGE Incineradores

La Granja Almenara es un ejemplo de cómo la incineración in situ se está imponiendo como una de las mejores estrategias de potenciación de la bioseguridad.

En los últimos años, el concepto de Bioseguridad en las explotaciones porcinas ha pasado de ser una simple medida complementaria que podía ayudar a mejorar las condiciones sanitarias a ser una de las prioridades que condiciona, no solo el estatus sanitario de los animales, sino también la productividad de las granjas. Todo ello no es de extrañar si tenemos en cuenta la enorme cantidad de patógenos que amenazan y merman la productividad de los animales.

La implementación de medidas de bioseguridad interna y externa eficientes está demostrando ser una de las inversiones más inteligentes que puede plantearse en una granja, siendo extremadamente importante prestar atención a cómo se gestiona la mortalidad de la misma.

Tradicionalmente, en la mayoría de los casos, la gestión de cadáveres pasaba por contratar un seguro de recogida de cadáveres con el consiguiente riesgo que supone la entrada o acercamiento a la granja de un camión de recogida de cadáveres que, en su recorrido entre una explotación y otra, puede vehicular y diseminar una cantidad ingente de patógenos y vectores de contaminación.

Actualmente, existen alternativas que nos permiten minimizar este riesgo de contaminación, entre ellas, la incineración in situ, que permite al productor ganar una gran autonomía en la gestión de cadáveres, con el ahorro económico que ello supone, restringiendo de forma tajante la entrada y salida de patógenos de su granja.

La Granja Almenara, situada en Remolinos (Zaragoza), explotación de madres con capacidad para 3.000 cerdas reproductoras integrada con INGA FOOD, es un ejemplo de cómo la incineración in situ se está imponiendo como una de las mejores estrategias de potenciación de la bioseguridad disponibles actualmente en el mercado.

Para conocer de primera mano cuáles son las ventajas prácticas que trae consigo la incineración in situ, entrevistamos a Antonio Soler –socio propietario– y Luis Miguel Segura –encargado– de la Granja Almenara sobre lo que ha supuesto para la bioseguridad y rentabilidad de la explotación la incorporación de un incinerador Addfield, distribuido en exclusiva en España y Portugal por IGE Incineradores Grupo España.

 

Han instalado el incinerador Addfield TB en su granja. ¿Por qué optaron por la incineración in situ y qué les empujó a elegir esta marca y modelo?

La principal razón que nos animó a instalar un incinerador fue la bioseguridad.

A la hora de elegir el incinerador, tras valorar las diferentes opciones existentes en el mercado y gracias al asesoramiento de Isidro Escalante –Director General de IGE Incineradores–, decidimos instalar el incinerador Addfield TB, con una capacidad de 1.300 Kg., al considerar que se trataba del modelo que mejor se adaptaba a las condiciones de la granja.

Se trata de un equipo que funciona con gas propano (GLP) con el que incineramos 2-3 veces por semana ya que se ha optimizado su tamaño en base a la capacidad de la granja y a los kilogramos de carne a incinerar.

El consumo energético del equipo no es elevado. Lo que más consume es el momento del arranque del incinerador y, posteriormente, una vez que se ha alcanzado la temperatura adecuada, gracias a la hermeticidad de las cámaras el consumo se mantiene al mínimo.

Además, aunque inicialmente el incinerador de gas propano (GLP) es más costoso, gracias al convenio suscrito entre IGE Incineradores y Repsol, este sobrecoste es asumido por Repsol.

 

¿Recibieron asesoramiento sobre los procedimientos legales y administrativos necesarios para instalar el incinerador?

Durante todo el proceso, IGE Incineradores estuvo a nuestra entera disposición, ofreciéndonos sus servicios de asesoramiento sobre los requisitos legales específicos necesarios para la instalación del incinerador, por ejemplo, los específicos del depósito de gas a través de Repsol o los permisos municipales. Así, sabemos que nuestro incinerador cumple a la perfección con la normativa legal.

Además, para poder obtener los permisos de operación del incinerador, se realizaron las auditorías necesarias para garantizar el cumplimiento de los requisitos sanitarios y medioambientales. Además, la nave en la que se ha instalado el incinerador está construida garantizando la correcta evacuación de aire y agua, así como un desagüe preparado para recoger los fluidos que puedan emanar de los cadáveres como lixiviados.

 

¿Qué nos pueden decir sobre el funcionamiento y la operatividad del incinerador?

La carga de los animales es muy sencilla y se hace en aproximadamente 20 minutos, siendo importante asegurarse de que durante el llenado de la cámara no se tapen las salidas de aire y de los quemadores.

Seguidamente, solo es necesario indicar a través de la sencilla interfaz táctil los kilogramos de carne a incinerar, lo que determinará el tiempo de incineración que se realiza a una velocidad <50 kg/h.

Una vez programado, el equipo se pone en marcha hasta alcanzar la cámara de combustión de gases 850ºC, temperatura que nos asegura la combustión completa de los gases generados durante la incineración de forma que tengamos 0% olores y 0% humos visibles a la atmósfera.

Cuando se alcanza esta temperatura, comienza la incineración y, de hecho, el incinerador cuenta con un sistema de seguridad que impide que comience si la cámara de combustión de gases no está a la temperatura adecuada.

 

¿Qué ocurre con los residuos de la incineración?

Los residuos de la incineración se van almacenando y cada 6 meses, aproximadamente, una empresa especializada en la gestión de este tipo de residuos se encarga de retirarlos cumpliendo los máximos estándares de bioseguridad.

Todo ello se realiza de forma que se pueda llevar una trazabilidad de todo lo que se ha incinerado, registrando cada baja y el día/hora de la incineración, debiendo correlacionarse estos registros con la cantidad de residuos producto de la incineración.

 

¿Recomendarían la incineración in situ a otras personas que se estén planteando este sistema de gestión de cadáveres?

¡Totalmente! La incineración in situ es una verdadera inversión en bioseguridad que nos permite tener autonomía a la hora de gestionar las bajas de nuestra granja.

De hecho, nosotros tenemos otra granja en la que trabajamos con un seguro de recogida de cadáveres y ya estamos en proceso de instalar otro incinerador de las mismas características.

Este sistema no solo permite proteger a nuestra propia granja, sino que también beneficia a las granjas de alrededor, ya que con la incineración in situ actuamos como dique de contención, evitando la propagación de cualquier patógeno que pueda surgir en nuestra propiedad.

Esto, en el marco de “UNA SALUD”, es más importante que nunca. Se trata de una herramienta adicional que nos ayuda a luchar contra las resistencias antimicrobianas, de modo que cualquier agente patógeno resistente a los antibióticos quedará completamente destruido y evitaremos su propagación.

La concienciación del sector porcino sobre la importancia de la bioseguridad es fundamental, especialmente si tenemos en cuenta todos los patógenos que hay circulando y la amenaza de la Peste Porcina Africana. Así la incineración in situ es una verdadera apuesta por preservar la salud de los animales y la rentabilidad, no solo de nuestra granja, sino también la de las granjas adyacentes, ya que minimizamos el riesgo de transmisión de cualquier patógeno que pueda haber en nuestra instalación.



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