29 Jul 2020

Efecto de los probióticos en la flora intestinal del lechón (segunda parte)



Mecanismo de acción y funciones de los probióticos

Los probióticos actúan, principalmente, a tres niveles:

a Estimulan el crecimiento y mejoran el índice de conversión, al favorecer la absorción del calcio y la ganancia media diaria.

b Desarrollan la microflora autóctona, favoreciendo la multiplicación de bacterias beneficiosas y controlando el equilibrio bacteriano intestinal, de esta manera, actúan como profilácticos de colibacilosis y otros trastornos digestivos relacionados con el desequilibrio de la relación lactobacilos/coliformes.

Principalmente, actúan a nivel del íleon, con elevado aumento en la relación de bacterias ácido lácticas/coliformes y, en menor medida, a nivel del ciego y del colon proximal.

Los probióticos pueden alterar el metabolismo bacteriano intestinal directamente a través de sus propias actividades metabólicas o bien de forma indirecta desplazando o influenciando las actividades metabólicas de los microorganismos patógenos.

c Efectúan la predigestión de factores tóxicos y antinutrientes del alimento, como el ácido fítico, glucosinolatos, lecticinas, entre otros.

Entre las principales funciones de los probióticos se puede señalar las siguientes:

1. Favorecer el crecimiento y la multiplicación de la flora intestinal normal del animal.

2. Inhibir el crecimiento de microorganismos patógenos, principalmente, E. coli, mediante diferentes mecanismos como: competencia por nutrientes limitantes, producción de ácidos orgánicos (ácido acético, ácido fórmico, ácido láctico), reducción del pH intestinal, competencia por los puntos de adhesión a la pared intestinal o mediante la producción de bacteriocinas, sustancias que actúan como inhibidoras de la flora patógena.

3. Producir determinadas enzimas que mejoran la digestibilidad del pienso; así como determinadas vitaminas como la B12.

4. Influyen en el metabolismo de los ácidos biliares.

5. Disminuyen la absorción de amoniaco, indol y escatol. Hay que tener en cuenta que si el amoniaco alcanza niveles elevados actúa como tóxico junto con otras aminas biógenas.

La producción de amoniaco es neutralizada por el ácido láctico formando lactato amónico, a partir del cual la flora intestinal es capaz de producir polipéptidos y vitaminas.

6. Aumenta la absorción de agua en el intestino.

7. Estimula el sistema inmunitario. Presentan los antígenos a los linfocitos, activando el sistema inmune y produciendo IgA específicas para los antígenos de los probióticos e interleucinas no específicas a nivel general, que activan los linfocitos B no específicos para antígenos probióticos.

¿Cuándo está recomendado el uso de los probióticos?

Según el reglamento CE 1831/2003, se clasifica a los probióticos como aditivos zootécnicos “estabilizadores de la flora intestinal”, por lo tanto su uso está recomendado cuando se altere la flora intestinal.

Cuando ésta es destruida o debilitada, los microorganismos oportunistas patógenos pueden actuar, ya que hasta ese momento no podían, al encontrarse controlados por la flora intestinal, pero a partir de entonces comienzan a crecer y a multiplicarse dando lugar a múltiples infecciones muy perjudiciales para el animal, pudiendo poner en peligro la propia vida del animal.

Las condiciones actuales de cría intensiva de los cerdos favorece esta alteración de la flora intestinal.

Así, los destetes excesivamente tempranos, la crianza artificial, el estrés e inconfort, la escasa limpieza-higiene y/o vacío sanitario o el sistema de primerizas- nodrizas, está impidiendo una total colonización de la flora saprofítica, por lo que el lechón no es capaz de mantener un equilibrio flora saprofítica/flora patógena, dando lugar a patologías digestivas, principalmente diarreas.

Es en este contexto donde el empleo de probióticos mejora el porcentaje de mortalidad de los lechones y el porcentaje de diarreas durante la lactancia.

En este sentido, los probióticos proporcionan una flora intestinal óptima que contrarresta a los gérmenes patógenos presentes con cierta asiduidad en la sala de partos y en la nave de transición, y que afectan al lechón recién nacido y al lechón tras el destete.

De esta manera, mediante la inclusión de probióticos de forma rutinaria podemos hacer frente, en parte, a las diarreas que aparecen a los 2-3 días de vida del lechón y a los trastornos digestivos del lechón destetado, que se manifiestan a los 4-7 días post-destete.

Estas alteraciones digestivas corresponden, en su mayoría, a aumentos en el número de E. coli en las heces de uno o dos lechones para, posteriormente, propagarse al resto de la camada o lote.

A la edad en la que se están destetando hoy en día los lechones (21-28 días), éstos son muy sensibles a las patologías microbianas digestivas ya que su equipo enzimático no está totalmente maduro y es incapaz de digerir la proteína de origen vegetal presente en el pienso.

Tras el destete, el lechón ve reducida su capacidad de ingesta voluntaria, lo que, apenas, le lleva a cubrir las necesidades de mantenimiento, de ahí la pérdida de peso en la primera semana post-destete.

Este bajo nivel de ingestión va a condicionar la capacidad digestiva y de absorción del intestino delgado, así como su función como barrera frente a la flora patógena, así mismo, tras el destete hay una reducción en la altura de las microvellosidades intestinales, lo que provoca una reducción en el número de enterocitos maduros y de la capacidad enzimática para la digestión.

Este aumento del alimento sin digerir en el intestino delgado, conlleva un incremento de la población microbiana patógena, lo que unido a la pérdida de la función protectora de la mucosa intestinal, ocasiona un aumento de patologías digestivas, principalmente, diarreas.

En este sentido, se observa que una vez destetados los lechones, en su intestino delgado hay una reducción en la población de Lactobacillus en la primera semana post-destete, mientras que el número total de bacterias y, en especial, de E. coli, aumentan.

Inmediatamente tras el destete, la mayor parte de las bacterias procedentes del lumen del intestino grueso son Gram negativas. A esto se debe añadir que, como consecuencias del estrés post-destete, el lechón ve reducido su sistema inmunitario, siendo más susceptible a las infecciones digestivas.

Además a la edad en la que se efectúa el destete, el lechón ya ha agotado la inmunidad pasiva recibida en los primeros días de vida a través del calostro. En definitiva, tras el destete se observa una alteración tanto de la composición como en la estabilidad de la flora intestinal del lechón, lo que provoca que éste sea más susceptible a la proliferación de bacterias patógenas causantes de trastornos digestivos.

Desde un punto de vista práctico, se recomienda, la utilización de probióticos en tres momentos claves de la vida del lechón:

a) A partir del 2o día de vida del lechón y hasta el destete, de esta manera podemos prevenir enteritis, colibacilosis, iléitis, úlceras y otros trastornos digestivos durante la lactancia, mejorando el peso al destete y la ganancia media diaria.

b) Después del destete para, en cierta forma, hacer frente al estrés que ocasiona el propio destete, el cambio de ubicación, el cambio de dieta, la mezcla de lotes, etc.; ello va a provocar una mejora de los índices técnicos durante la transición. Su efecto positivo también se ha podido comprobar durante toda la fase completa de cebo- acabado.

c) Tras un tratamiento con antibióticos para reequilibrar la flora intestinal eliminada como consecuencia de la antibioticoterapia.

d) A la hora de la utilización de probióticos se debe asegurar que los microorganismos empleados mantengan toda su vitalidad hasta que el alimento sea ingerido por los cerdos; y, posteriormente, tienen que ser capaces de sobrevivir en el tracto gastrointestinal para poder ejercer así su acción en el animal.

e) Actualmente la mayoría de los probióticos se incorporan a la dieta de los cerdos en forma de premezclas, de concentrados, o bien, directamente en el alimento, presentándose la mayoría de los probióticos en forma sólida.

f) En función del tipo de microorganismo, pueden necesitar algún tipo de proceso tecnológico (por ejemplo: la microencapsulación) para protegerlos de las altas temperaturas a las que se somete el alimento durante el proceso degranulación; este es el caso de ciertas levaduras o bacterias no esporuladas de los géneros Enterococcus, Lactobacillus o Pediococcus.

Conclusiones finales

Los probióticos ejercen un efecto beneficioso sobre el rendimiento y salud de los lechones, para ello recomendamos su administración de forma continua y a partir de las primeras edades.

Los microorganismos presentes en el probiótico no deben ser patógenos ni tóxicos para los lechones, deben estar presentes en forma viable o, por lo menos, como células metabólicamente activas capaces de sobrevivir y metabolizarse en el intestino, permaneciendo estables durante todo el periodo de almacenamiento del alimento.

Finalmente, los probióticos llevan a cabo su acción produciendo compuestos antimicrobianos, como por ejemplo ácidos que rebajan el pH intestinal, compitiendo por los nutrientes o los lugares de adhesión en el epitelio intestinal con los microorganismos patógenos, alterando el metabolismo enzimático microbiano o, bien, estimulando el sistema inmunitario del lechón.

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