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AUTOR

Lluís Puig

El control del dolor es de interés fundamental en los sistemas de producción porcina. No sólo por estar en consonancia con las normas imperantes en lo relativo al bienestar animal, sino porque puede tener beneficios sobre la productividad en ciertas áreas.

De forma general se acepta que los mamíferos experimentan el dolor de forma similar a los humanos. Sin embargo, el problema que tenemos es que los cerdos tienden a esconder el dolor, lo que dificulta mucho su detección y evaluación para su control.

La estrategia general adoptada ha sido la adaptación general de las 3 R, en boga en los centros de investigación que usan animales: reducir, reemplazar y refinar. Entendiendo que:

  • Reducir implica, en investigación animal, usar el mínimo número de animales necesario para obtener resultados válidos en el estudio. En producción porcina esto se traduce en suprimir aquellos procedimientos que, causando dolor a los animales, no aportan beneficios ni al ganadero ni a los mismos. El ejemplo clásico es la prohibición del uso de aguijones eléctricos para el movimiento de los cerdos.
  • Reemplazar hace referencia, en los centros de investigación, a sustituir los animales por otros sistemas sobre los que realizar las investigaciones, cuando sea posible, los cuales sean menos susceptibles al sufrimiento (e.g. cambiar pruebas in vivo por pruebas en cultivos celulares). En el caso de la producción porcina esto se traduce en reemplazar procedimientos necesarios que causan dolor, por otros que no lo causen. El ejemplo más característico es la sustitución de la castración quirúrgica por métodos de castración química.
  • Refinar hace referencia a la optimización de las técnicas usadas en experimentación, de forma que se minimice el sufrimiento que los animales padecen. En producción porcina esto se traduce en un combate directo del dolor en los animales, mediante terapia farmacológica, cuando este se produzca de forma inevitable (e.g. por la inflamación causada por la enfermedad).

Aunque esta forma de exponer las estrategias para evitar dolor innecesario a los animales puede tener su función en la formación de futuros investigadores, en producción animal la idea queda mejor enmarcada en los conceptos de prevención y control. Esto es prevenir las causas de dolor, y controlar el dolor de la mejor manera posible cuando este no pueda evitarse.

El dolor se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión tisular efectiva o potencial. De esta forma tenemos procedimientos y situaciones en la granja que causan dolor:

  • Entre los procedimientos se cuentan el corte de colas y colmillos, las castraciones, el tatuado/corte/crotalado de orejas, la reparación de hernias, las cesáreas, las vasectomías y las epididimotomías.
  • Entre las situaciones se listan prolapsos, fracturas, mordeduras, inflamaciones, contusiones y laceraciones.

El uso de anestésicos debería ser preceptivo para minimizar el dolor en los procedimientos que se llevan en la granja. Sin embargo, la normativa actual impone limitaciones a su uso, dada la restricción de acceso que tienen mucho de ellos. Así, los anestésicos son de administración exclusiva por el veterinario, cuando la norma es que el veterinario pocas veces se encuentre presente en la ejecución de estos procedimientos en granja.

Afortunadamente, los antiinflamatorios cuentan con menos restricciones. Si bien son fármacos que requieren receta y supervisión veterinaria, pueden incluirse en los protocolos de manejo de las situaciones antes mencionadas. Son también fármacos con una oferta amplia, en principios activos y vías de administración, aunque sin llegar al nivel de diversidad que encontramos en medicina humana.

De esta forma se cuenta con formulaciones para el suministro con el agua de bebida, para el tratamiento de colectividades ante un episodio epidémico (como puede ser una gripe u otra patología respiratoria que curse con fiebre importante). Pero también se dispone de preparados inyectables, para el tratamiento de individuos aislados, ya sea un problema de cojera o un síndrome de mamitis-metritis- agalaxia.

La diversidad de AINEs (antiinflamatorios no esteroideos) disponibles para porcino tampoco es pequeña. Desde principios clásicos como el ácido acetilsalicílico (la vieja aspirina) y el paracetamol (ambos con menor potencia y problemas de solubilización y estabilidad en el tanque de bebida), hasta un moderno meloxicam (que desafortunadamente cuenta con un prolongado periodo de retirada).

Quizás de todos el que sume mejores ventajas sea el ketoprofeno, por su superior potencia antiinflamatoria, analgésica y antipirética, la brevedad de su periodo de retirada, y su buena estabilidad y facilidad de solubilización en sus preparados orales para suministrar con el agua de bebida.

Bibliografía:

Friendship R and Charbonneau G (2013) Pain Control. London Swine Conference Proceedings: 43-48

Mayós I, Bosch J, Fadurdo E and Homedes J (2012) Homogeneity and stability in drinking water of oral non-steroidal anti-inflammatory drugs labeled for swine in Europe. J Swine Health Prod. 20(6):270–275

Salichs M, Sabaté D, Ciervo O and Homedes J (2012) Comparison of antipyretic of ketoprofen, acetylsalicylic acid and paracetamol, orally administered in swine. J. Vet. Pharmacol Therap. 35(2):198-201



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